ARTÍCULO DE EDUARDO GONZÁLES VIAÑA

Agradecemos la solidaridad de este reconocido periodista y escritor en este artículo que enseña cómo la historia reedita capítulos de intolerancia, brutalidad y barbarie más allá de la muerte. 


MADE IN PERU, necrofilia y barbarie

 Por Eduardo González Viaña 




En Hillsboro, una pequeña aldea de Estados Unidos, fue apresado un profesor de Secundaria acusado de enseñar en su clase la Teoría de la Evolución en 1925. El tribunal encargado de juzgarlo debía decidir, primero, si John Scopes había transgredido la ley del Estado y, en segundo lugar, si el propio Charles Darwin había sido tan sólo un oscuro seguidor o si acaso era la propia encarnación humana de Satanás.

Mientras el pueblo se preparaba a linchar al pecador, centenares de periodistas se concentraron en la aldea. Los diarios y la radio de todo el mundo, por su parte, dedicaron primeras páginas y horas de atención a este juicio que compendiaba la intolerancia, la brutalidad y la barbarie en pleno siglo XX.

Algo similar puede ocurrir en el Perú de hoy donde ciertas autoridades y diversos voceros de opinión se obstinan en impedir que varias decenas de muertos sean enterrados con libertad por sus familiares y compañeros. Hay que agregar que los cadáveres corresponden a peruanos asesinados hace 30 años en una masacre que hasta hoy está impune.

CAJAS DE CARTÓN. Como se sabe, en junio de 1986 más de 200 presos políticos fueron acribillados con alevosía y ventaja en varios penales de la república. Los restos recuperados hasta ahora estaban guardados en cajas de cartón, pero luego de ser identificados algunas decenas fueron entregados a los deudos.

En vista de no disponer de mayores medios económicos, aquellos levantaron una pequeña construcción de adobe a la que denominaron “mausoleo” como los pobres llaman palacios a sus chozas.

Sin embargo, las autoridades peruanas no toleran siquiera esa pretenciosa palabrita. Ahora luego del sepelio, las mismas hablan de desenterrarlos otra vez y no se deciden si regresar los cadáveres a las cajas o ponerlos en otro lugar donde no se les rinda homenaje alguno.

Los periódicos peruanos y varios voceros gubernamentales agregan que los muertos eran “terroristas”, pero eso es absolutamente irrelevante. Los muertos son sencillamente muertos y merecen respeto. Calificar de terroristas a los cadáveres es tratar de justificar la bestialidad de zarandearlos y es también cometer la cobardía de ensañarse con quien está dormido para siempre.

Más todavía, es necesario recordar que muchos de los muertos de entonces, luego de la investigación penal, fueron declarados inocentes del delito que ahora se imputa a sus cadáveres.

MADE IN PERU: Durante la Colonia, la “Santa” Inquisición solía desenterrar los cadáveres de los “herejes” muertos en la cárcel, colocarles una máscara sobre el rostro carcomido y “juzgarlos en efigie” en la Plaza de Armas de Lima. Esta práctica nefanda parece repetirse en nuestros días.

Lo abominable se practicaba en Lima y, tal parece que se practica ahora en que se quiere legislar hasta qué deben hacer las familias y los amigos con los pedazos de los muertos.

El desdichado conflicto interno terminó hace más de 20 años pero el odio no parece morir aún. Después de haber cumplido sus condenas han salido o saldrán de la cárcel los sobrevivientes que las más de las veces penaron sus condenas como si estuvieran sepultados vivos. ¿Es mucho permitirles que entierren a sus muertos? ¿No sería más inteligente apoyar su reinserción en la sociedad o incluso en el sistema político democrático?

Si el gobierno impone esta forma de turbar el sueño de los muertos, perpetuará el odio, y la atención del mundo volverá a centrarse sobre nuestro país, pero esta vez no se le llamará al Perú “la capital de la gastronomía” sino, en pleno siglo XXI, la del canibalismo o tal vez de la necrofilia y la barbarie, prácticas que el Deuteronomio (18- 10,11) prohibiera hace milenios así como otras leyes bíblicas que son válidas incluso para quienes olvidan el viejo mandato de amarnos y perdonarnos los unos a los otros.
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