Historia del Taller de Arte y Artesania “Nueva Semilla”

 Corria el año 92

No teníamos nada, sólo la ropa que teníamos puesta y la noble miga de pan que nos repartían por las mañanas. Y con ella nos pusimos a trabajar. Elaborábamos juegos de ajedrez cuyas fichas negras las teñíamos con la cocoa del desayuno, flores, rosas, canastas, campanitas, etc. que se hacían de colores con la mazamorra, la gelatina, el zumo de la cáscara de naranja, raspando las bolsas de detergente que nos brindaba una gama de colores: rojo, amarillo, azul y verde; los cuales fueron prohibidos exigiendo el uso exclusivo de las bolsas transparentes. Pero no nos amilanamos, desarrollamos entonces los trabajos con las pepas de durazno, choros y huesos de la comida; los limábamos en las ásperas paredes de la celda dándole la forma de pequeñísima canastita, dije en forma de corazones, quenitas, etc. Que comunicaba a nuestros familiares la férrea decisión de enfrentar las dificultades con entereza.

Por el año 94, en medio de las restricciones se nos permitió el ingreso de agujas, tijeras, palitos de tejer que se transformaron junto a los hilos de bordar y retazos de tela, en nuestro pincel, color y lienzo con los cuales bordábamos, plasmando nuestras esperanzas, aspiraciones, sueños y amor a nuestros familiares, dando origen también a las creaciones de arpillería que reproducían la vida cotidiana del pueblo, su trabajo y alegría; grandes logros en medio de tanta adversidad; pero no era suficiente, el hombre es persistente y atrevido, aspira siempre a conquistar nuevos objetivos, nuevas metas, la limitación impulsa su acción, aspirando a vencerlas. A fines del 97 antes que se levantara la prohibición del lápiz y el papel y con ellos los colores, tuvimos nuestro primer trabajo de pintura: un original pedido de tarjetas de 15 años con papel canson, dibujada y coloreada una por una, guiadas por Blanca, una pintora recluida egresada de la Escuela de Bellas Artes; qué alegría y satisfacción generó, nos parecían obras de arte aunque fueran réplicas de las comunes tarjetas, eran color, forma, cariño, añoranza, tesón; cuántos sentimientos volcados que incentivaron más nuestra creación y los artistas que llevábamos dentro. Transcurría el tiempo y hacíamos tarjetas de cartulina, de papel canson e incursionamos en las tarjetas con tela de pana, novedosa creación que consistía en recortar perfiles de hombres, mujeres y niños para ofrecerlas en el Día de la Madre, de la amistad, del Padre o Año Nuevo. Trabajos que dieron paso a la conformación del Taller de Arte Nueva Semilla porque ella se fructifica. Trabajando y píntando llegamos al 99 y recién nos reconocen como Taller y aceptan registrarnos en planillas.

Y entonces vino aquel inolvidable Diciembre del 2000 que significó un gran vuelco en nuestras condiciones de prisión, se eliminaron los locutorios, se flexibilizó el régimen penitenciario se nos restituyó el derecho al trabajo y al estudio y a desenvolver nuestras relaciones sociales con nuestros familiares directos, indirectos y amigos. Y aquél lugar frío testigo de nuestro dolor (el Locutorio) se transformó en nuestro taller de pintura así como en los demás pabellones. Así con más optimismo, intensificamos más nuestra obra, ya no sólo con los lápices de colores, sino con la acuarela y posteriormente el salto con el óleo elevándose la creatividad colectiva e individual siendo nuestra primera participación en una exposición de pintura en Petro Perú organizada por el Padre Hubert Lansiers.

Luego la Universidad Católica nos brindó cursos de Dibujo y Pintura, nos permitió explorar más concienzudamente este maravilloso campo del arte, introduciéndonos a la técnica del dibujo, composición, teoría del color, luz y sombra, etc. dando más seguridad a nuestras pinceladas y mayor confianza para expresarnos.

Después incursionamos en la escultura: tallando en la piedra de Huamanga, piedra Pasca, en madera y el modelo en arcilla, transformando el barro en intensidades del alma; y, lejos del pesar que desaliente, aumentó el tamaño de la esperanza.

Tenemos la satisfacción de haber participado en diversas exposiciones: como invitadas en el local de la Escuela de Bellas Artes, en el Museo de la Nación, y logrando organizar nuestras propias muestras colectivas como “Sueño Azul” y “Coraje del Color y la Forma”, en la Universidad M. Champagnat y en la Municipalidad de Miraflores. Estamos muy agradecidas a la comunidad del Callao, a la Gran Logia Occidental y al Instituto Nacional de Cultura del Callao por sus invitaciones para exponer nuestros trabajos en el Boulevard de su Municipalidad, el Club de Tiro, la Biblioteca del Callao y la Dirección Regional de Educación del Callao. También invitados por el Taller de Artesanos Ayacuchanos en el Museo de la Nación, en el Colectivo de Arte y Cultura “Cesar Vallejo”, ADUNI y nuestra participación en la exposición “Colores y sueños” organizada por Arte y Esperanza en la galería ICPNA de Miraflores.


Evaluando el tiempo transcurrido hasta hoy, gracias al apoyo de nuestros familiares, del fallecido padre Lanssier, del padre Alfonso Berrade, la señora Delia Queens de Gensollen, el profesor Enrico Rigosa, entre otras personas amigas, hemos avanzado, y aún sieno concientes que nos falta mucho por aprender, nos esforzamos en dar lo mejor que podemos. Y aquí estamos, aprendiendo de lo que avanzó la humanidad y de quienes venciendo dificultades generosa y desinteresadamente nos enseñan y nos alientan; así haciendo del arte un instrumento de expresión que muestra cómo el hombre en la adversidad puede construir las más hermosas obras, queremos servir a que el arte llegue a todos, sin discriminación alguna; seguir levantando ladrillos de esperanza y dando libertad al pensamiento, derecho irrenunciable de la humanidad.

Las integrantes

Chorrillos, mayo del 2007
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